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FairShare (compartir de forma justa) es el nombre de un servicio creado por la empresa estadounidense Attributor para localizar copias de artículos en la red. El sistema cuenta con el apoyo del Fair Syndication Consortium, un organismo en el que se agrupan los principales editores del mundo bajo el lema “Mereces cobrar por tu trabajo” y en el que pueden encontrarse cabeceras tan conocidas como ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’ y agencias como ‘Reuters’ y ‘The Associated Press’.

FairShare es un servicio gratuito que recorre la red en busca del material copiado y avisa a los propietarios de los derechos de reprodución de un artículo cuando detecta una copia no autorizada. Los principales afectados por esta iniciativa son los agregadores de noticias, sitios web que replican el contenido publicado en otros medios y se lucran de este trabajo por medio de la publicidad.

Hasta ahora, los medios reaccionaban de tres formas ante el material copiado: solicitaban la retirada de los artículos, obligaban a incluir un vínculo al medio original o, simplemente, ignoraban el problema.

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Simon Rogers.

Los primeros casos aparecieron hace dos años, pero no fue hasta hace dos meses cuando se descubrió la verdadera magnitud del problema. En mayo de 2009, el diario inglés The Daily Telegraph se hizo con algunos documentos oficiales que destapaban el mayor escándalo económico en toda la historia del Parlamento británico. Este rotativo publicó varios artículos en los que denunciaba el uso fraudulento de los gastos de representación de algunos parlamentarios, quienes habrían incurrido en toda clase de irregularidades contables, fiscales y laborales. El escándalo salpicó, incluso, al primer ministro Gordon Brown y provocó la dimisión del presidente de la Cámara de los Comunes, de seis miembros del Gobierno y de una docena de políticos conservadores y laboristas.

Por su parte, el diario The Guardian tuvo que esperar a que, casi dos meses después, el Parlamento hiciera públicos parte de los recibos, facturas y otros documentos en los que los diputados solicitaban, desde 2004, el pago de sus gastos de representación. Unos documentos -casi medio millón de páginas- que no incluían las peticiones de gastos denegadas y en los que habían sido borrados algunos datos personales, para proteger la intimidad de los parlamentarios.

El diario tenía que recuperar el terrreno perdido ante su rival periodístico, pero antes debía afrontar el estudio de un montón de documentos en un tiempo récord. ¿Cómo conseguirlo?

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Scott Rosenberg.

En los primeros años de la informática, las computadoras no sólo se estropeaban por fallos en sus programas, sino porque polillas y otros insectos (bugs, en inglés) se introducían en los enormes aparatos, atraídas por la luz y el calor que emitían las válvulas, y provocaban cortocircuitos. Desde entonces, en el mundo anglohablante a los errores informáticos se les conoce como bugs.

Un proyecto estadounidense pretende ampliar las acepciones de esta palabra y llevarla al terreno de los medios, donde los fallos sean Media Bugs y pueda hacerse un seguimiento de ellos, como el que se hace de los errores informáticos.

El proyecto ha sido ideado por Scott Rosenberg (Nueva York, EEUU, 1959), periodista, escritor, pionero del mundo digital y cofundador de la revista electrónica Salon.com. Acaba de recibir 335.000 dólares de una fundación periodística para montar un sitio web en el que la ciudadanía pueda denunciar los errores que ha visto en la prensa y esperar una respuesta de sus responsables.

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Steven_Brill

Steven Brill (Nueva York, EEUU, 1950) lleva más de 20 años en el negocio de los medios de comunicación, en el que ha fundado la revista American Lawyer (Abogado Americano), el canal Court TV (Tribunal TV) y Brill’s Content, un observatorio de la prensa, entre otros muchos proyectos.

Su nueva empresa se llama Journalism Online y propone una vía de escape a la crisis económica que atraviesan las cabeceras de todo el mundo, por medio de un sistema mixto de cobro por la información e ingresos publicitarios.

De acuerdo con este modelo, si un 5% o un 10% de los lectores pagaran por algunos artículos una pequeña cantidad de dinero, los medios podrían sobrevivir y no dependerían exclusivamente de un modelo publicitario que aporta unos ingresos cada vez más exiguos. Este sistema permitiría, además, un sistema único de registro para todos los medios asociados.

Como abogado y periodista, Brill conoce bien la importancia de las palabras y las usa con precisión, moderación y precaución.

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Martin Langeveld.

En plena crisis de la prensa, los editores se afanan por encontrar nuevas formas de financiar sus cabeceras. Sólo en Estados Unidos, han aparecido en los últimos meses varios proyectos que pretenden replantear el modelo de negocio que ha mantenido la prensa en el último siglo y probar nuevas fórmulas para su supervivencia.

Martin Langeveld (Soest, Holanda, 1948) es el presidente ejecutivo de CircLabs, una empresa estadounidense que lanzará al mercado en otoño una herramienta para intentar unir las cabeceras digitales en un proyecto común. Circulate, así se llamará, será un sistema que, desde el navegador, ofrecerá a los lectores el contenido de diversas cabeceras y un registro único en todas ellas. Un solución sencilla y que, según Langeveld, mejorará las cifras de tráfico de los periódicos digitales y sus ingresos publicitarios.

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