Simon Rogers.

Los primeros casos aparecieron hace dos años, pero no fue hasta hace dos meses cuando se descubrió la verdadera magnitud del problema. En mayo de 2009, el diario inglés The Daily Telegraph se hizo con algunos documentos oficiales que destapaban el mayor escándalo económico en toda la historia del Parlamento británico. Este rotativo publicó varios artículos en los que denunciaba el uso fraudulento de los gastos de representación de algunos parlamentarios, quienes habrían incurrido en toda clase de irregularidades contables, fiscales y laborales. El escándalo salpicó, incluso, al primer ministro Gordon Brown y provocó la dimisión del presidente de la Cámara de los Comunes, de seis miembros del Gobierno y de una docena de políticos conservadores y laboristas.

Por su parte, el diario The Guardian tuvo que esperar a que, casi dos meses después, el Parlamento hiciera públicos parte de los recibos, facturas y otros documentos en los que los diputados solicitaban, desde 2004, el pago de sus gastos de representación. Unos documentos -casi medio millón de páginas- que no incluían las peticiones de gastos denegadas y en los que habían sido borrados algunos datos personales, para proteger la intimidad de los parlamentarios.

El diario tenía que recuperar el terrreno perdido ante su rival periodístico, pero antes debía afrontar el estudio de un montón de documentos en un tiempo récord. ¿Cómo conseguirlo?

Los lectores, la solución

Simon Rogers (Reading, Inglaterra, 1967) es jefe de sección de The Guardian, responsable de Datablog -un proyecto de investigación en el que el diario ofrece a los lectores los datos en bruto que llegan a la redacción- y el encargado de resolver el problema del medio millón de páginas a los que el periódico debía hacer frente. La solución: pedir ayuda a los lectores.
“La idea era sacar el material y dejar que la gente nos ayudara”, explica Rogers, en una entrevista telefónica con ABC.es. “Simon Willison, un arquitecto de software del periódico, vino con un sistema para ponerlo en práctica. Queríamos que todo fuera muy sencillo: que los lectores vieran un par de documentos, anotaran los nombres que aparecían y les otorgaran importancia, para nuestra investigación posterior”.

El resultado es ‘Investigue los gastos de su diputado’ un proyecto de periodismo participativo o colaborativo (conocido como ‘crowdsourcing’ en la Internet anglohablante, donde nació), en el que un sistema informático permite a los lectores revisar los documentos que el Parlamento hizo publicos hace dos semanas y denunciar cualquier irregularidad que encuentren en ellos.

A medio camino de este trabajo, Rogers valora lo conseguido en el primer experimento de periodismo participativo emprendido por un gran periódico internacional.

¿Cómo ha funcionado el proyecto hasta ahora?

Sólo en la primera hora después de publicar el material vinieron 10.000 usuarios, y sólo en el primer día se revisaron 90.000 documentos. Era gente interesada en estos datos, en la promesa de Gordon Brown [de que los documentos se publicarían tras "una batalla por el derecho a la información"]. Entre otras cosas, los lectores querían saber porque un parlamentario pedía 300 libras para un bolígrafo. En este momento, se han revisado la mitad de los documentos, y de los miles de personas interesadas al principio, ha quedado un ‘nucleo duro’ de entre 200 y 300 que revisan la información regularmente.

¿Como han conseguido que los lectores hagan este trabajo sin cobrar? ¿Cómo han logrado que se interesen por esta tarea?

También nos lo preguntamos. Este ha sido nuestro primer experimento de periodismo participativo y cuando lo preparábamos nos hacíamos muchas preguntas, y ésta era una de ellas. Creo que para los lectores a los que le gusta el periodismo y la política esto es fascinante, es sentirse parte de la historia y responsables de lo que suceda. Pero pensamos que teníamos que hacer sentir a la gente que también recibía algo a cambio. Creo que los servicios como YouTube no funcionan porque los usuarios reciban una recompensa en forma de dinero, sino en forma de reconocimiento. Así que pusimos sus nombres en la portada, en una lista de los lectores que más documentos revisaban.

Por otro lado, este proyecto forma parte de otro más grande de ‘The Guardian’, que se llama Datablog y en el que publicamos los datos en bruto, cifras sobre la gripe A o los gastos militares, y la gente los revisa y nos envía gráficos y mapas, porque se sienten parte de la información y toman sus decisiones a partir de ella.

Por último, el modo en que se hizo pública la información [de los gastos de los diputados en la web del Parlamento] era muy difícil de revisar, mientras que en nuestro sistema es mucho más facil. Y por eso también creo que la gente se implicó.

¿Cómo comprueban las denuncias que les indican los lectores?

Comprobamos las denuncias del modo tradicional.

Los lectores simplemente apuntan lo que ven extraño

Exacto. De hecho, ahora se plantea el debate de si el periodismo participativo puede suponer la muerte del periodismo tradicional. Yo creo que no supone una sustitución, sino un complemento que usar junto con el periodismo tradicional. Y es una herramienta poderosa.

¿Cómo impiden que un parlamentario intente distraer la investigación haciéndose pasar por un lector que quiere prestar su ayuda?

Guardamos un registro de las direcciones de los lectores, pero sólo las usamos para comprobar los datos. Pero sí, hemos tenido varias enmiendas por parte de algunos diputados, tratando de explicar los documentos que les afectaban. Hemos estado alerta y nos preocupa, porque sabemos que no se pueden crear sistemas informáticos que garanticen que esto no suceda.

¿Cuánto tiempo tardaron en poner en marcha el proyecto?

Dos semanas. Simon Willison es un genio capaz de crear todo el sistema, de la nada, en sólo dos semanas. Es asombroso.

El sistema parece muy sencillo, y con las opciones limitadas y muy definidas: “Interesante”, “No interesante”, “Investiguen esto”…

Sí, queríamos que fuera muy sencillo de usar. De hecho, creo que Willison consiguió que fuera, además, divertido y por eso tanta gente lo ha usado. Ahora hemos abierto otro proyecto sobre Irán, en el que pretendemos saber más sobre la gente que murió o desapareció tras las elecciones. Creamos una base de datos con la información de estos desaparecidos que teníamos y pedimos a los lectores que intentaran ampliarla. Recibimos miles de mensajes y conseguimos despertar una verdadera historia.

¿Qué han aprendido del proyecto de los gastos de los diputados?

Creo que la gente sentía que había un fallo de ‘The Guardian’. Y que nosotros debíamos decir a los lectores que ahora tenían la palabra. Que el periodismo es algo más colaborativo: ellos ayudan y nosotros ayudamos. Es la unión de esfuerzos en un experimento colaborativo.

Parece que están liderando el camino de la prensa en el periodismo participativo. Y es probable que otros periódicos sigan su camino

Eso espero. Somos afortunados por contar con la la pericia técnica de gente como Willison y la flexibilidad para realizar estos proyectos. En el pasado se han visto algunos experimentos interesantes, y ‘The New York Times’ ha hecho cosas importantes, pero creo que no como ésta. Hemos recibido mensajes de organizaciones, algunas americanas, solicitando información y ayuda sobre nuestro proyecto.

¿Cuál cree que puede ser el significado final de este experimento? ¿Que ya no podemos hacer este trabajo solos, y que en el futuro necesitaremos a los ciudadanos?

Creo que sí. Por un lado, los ciudadanos todavía valoran la profesión periodística, la edición y la precisión en los datos. Por otro, tener a miles de ciudadanos ayudándote supone un poder inmenso. Creo que tener a estas personas implicadas en tu organización supondrá un cambio, un cambio a mejor.

Y tal vez un modo de salir de la crisis

Sobre todo en un momento en que todo lo que pensabamos que funcionaba bien, resulta que no funcionaba tan bien. Es el caso de la inestabilidad financiera y política. En un momento así se necesita una prensa que trabaje adecuadamente.

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