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Kevin Smith

Al menos medio centenar de periodistas han sido encarcelados en Estados Unidos, desde 2001, por negarse a revelar ante un tribunal la identidad de sus fuentes. Durante la pasada campaña electoral, el hoy presidente Barack Obama se comprometió con las principales asociaciones profesionales de la prensa a impulsar una legislación federal que, más allá de la protección que ofrecen algunas leyes estatales, garantice el trabajo de los periodistas y el anonimato de sus informadores a escala nacional.

El texto original de esta ley escudo pretendía proteger al periodista frente a las citaciones judiciales que le exijan identificar a sus fuentes, so pena de ir a la cárcel, así como evitar que las personas que podrían aportar pruebas o testimonios a un redactor se nieguen a hacerlo por miedo a que su anonimato no sea respetado. Por si fuera poco, la ley intentaba algo no menos díficil: definir la profesión de periodista, para delimitar claramente quién podía acogerse a esta protección.

La semana pasada, miembros del Senado de Estados Unidos acercaron posturas para acordar un texto del proyecto de Ley de Libre Flujo de la Información que, de momento, amplía la definición de periodista y garantiza una protección limitada y decreciente de los redactores y sus fuentes, según la naturaleza del caso en que se encuentren involucrados: desde casi completa en los litigios civiles, a escasa en los penales y casi nula en los relativos a la seguridad nacional.

Kevin Z. Smith (Fairmont, Virginia Occidental, EEUU, 1957) es presidente de la Society for Professional Journalists (SPJ), una organización de periodistas fundada a principios del siglo XX, y que lleva varios años presionando para que la ley escudo salga adelante en el Senado estadounidense. En una entrevista telefónica, Smith se muestra satisfecho con un texto legal que, aunque sabe que cuenta con varias limitaciones, supone un paso en la dirección adecuada.

Hace un mes estaban indignados con la propuesta de ley, y ahora la apoyan. ¿Qué ha cambiado en este tiempo?

Nuestra indignación estaba justificada por la retirada del apoyo a la ley por parte de la Administración. El presidente Obama, durante toda la campaña, repitió muchas veces que apoyaba la protección de las fuentes periodísticas, pero después cambió de opinión. Esto fue lo que provocó nuestra indignación, porque mucha gente esperaba saber cómo el Gobierno afrontaba este asunto. Hace unas semanas retiró su apoyo a la ley, y eso causó nuestro enfado, pero ahora la Casa Blanca ha vuelto a apoyar algunas cosas que estaban en la ley original, cambiando de nuevo de opinión y colocándonos en donde estábamos hace un mes.

Usted apoya está propuesta, pese a considerarla imperfecta. ¿Cómo sería la ley perfecta para la SPJ?

La ley perfecta, no sólo para la SPJ sino para cualquier periodista, sería aquella que le diera una proteccción completa y en la que los problemas de seguridad nacional no intervinieran tanto. Esto es como si estuvieramos pidiendo un regalo de Navidad o de cumpleaños todo el tiempo. Sabemos que no lo vamos a conseguir y lo comprendemos, porque la protección de nuestras fuentes en todos los casos y ante cualquier fiscal no va suceder.

La propuesta de ley protege las fuentes en los casos civiles, pero no en los criminales. ¿Cómo puede un periodista protegerse en estos casos?

De entrada, examinando con mucho detalle sus fuentes anónimas. Enseño Periodismo en la universidad y precisamente hemos discutido sobre las fuentes anónimas esta semana. Debes acercarte al uso de las fuentes anónimas con mucho cuidado, sin abusar de ellas y entender cuales son las intenciones de alguien que viene a ti queriendo dar información anonimamente. Cuando alguien me pida que apague la grabadora, lo primero que debo pensar es en cómo conseguir esa información sin anonimato, a través de un documento o de otra persona. Creo que la primera regla para protegerse a uno mismo como periodista es asegurarse de sólo usar las fuentes anónimas cuando no tienes otro remedio.

Usted ha denunciado que el número de periodistas encarcelados ha “crecido dramáticamente” en los últimos ocho años. ¿Cree que este crecimiento está relacionado con la política posterior al 11S?

Creo que la administración Bush ha intentado hacer de ello el problema. Ya no estamos bajo la administración Bush, pero creo que esas cifras de encarcelados han crecido por la seguridad nacional; han sido injustifcadamente elevadas porque muchos fiscales han recurrido a la seguridad nacional en exceso.

Otro problema de la ley reside en la definición de periodista. ¿Quién es periodista para esta ley?

Nuestra intención era encontrar una definición lo más amplia posible. Básicamente, es periodista cualquier persona que recolecta información regularmente y la disemina. Ya sea un bloguero, un estudiante universitario o un periodista profesional que cobra de un periódico, una radio o una televisión. Queríamos que fuera lo más amplia posible.

La seguridad nacional ha sido el mayor obstáculo para alcanzar un acuerdo hasta ahora. ¿Cuál cree que será el mayor obstáculo, a partir de ahora, para que la ley sea aprobada?

No creo que hayamos solucionado el problema de la seguridad nacional completamente. Hay más gente satisfecha con el lenguaje de esta ley en lo que respecta a la seguridad nacional, pero esta mañana los republicanos del Comité Judicial del Senado han puesto en marcha una petición de firmas para detener su desarrollo legislativo y tener más audiencias y debates sobre ella. Acabo de recibir un mensaje de nuestra abogada en la que me informa de que el senador Kyl está pasando una carta entre sus colegas, pidiendo al presidente Leahy una nueva audiencia sobre la ley escudo antes de que el comité vote sobre ella. Ella no sabe si la petición tendrá éxito, porque el Gobierno ya ha mostrado su apoyo a la medida, pero hay un intento de detener la ley y habrá más. Parece que el Senado iba a revisar la ley hoy, pero el día más probable no será antes del 19 de noviembre.

Pero usted cree que será aprobada.

Eso llevamos esperando pacientemente desde hace al menos dos años. Cada jueves, a las 10 de la mañana, cuando el Comite Judicial del Senado se reunía, estábamos observando y escuchando, y cuando el Gobierno retiró su apoyó la ley y pensábamos que se iba a acabar, empezamos a escribir cartas y a presionar para que saliera adelante. El problema principal es que hay republicanos en el Comité que nunca van a apoyar esta ley, porque no quieren ninguna protección de los periodistas cuando se trata de asuntos seguridad nacional, y han intentado parar y descarrilar la ley todo lo que han podido, la última vez esta misma mañana. Así que no podemos saber si habrá más obstáculos, porque no estamos seguros de que el problema de la seguridad nacional se haya resuelto para todos.

¿En qué otros problemas del periodismo trabaja la SPJ actualmente?

El mayor problema es saber hacia dónde se dirige esta profesión. En dos semanas asistiré a una conferencia de dos días en la Universidad de Yale en la que discutiremos sobre el futuro del periodismo. Por su parte, algunas agencias del Gobierno, como el subcomité de Comercio del senador Kerry,  también organizó una discusión púbica sobre estse asunto. Y la Comisión Federal de Comercio ha organizado otra conferencia de dos días en diciembre para discutir sobre el impacto de Internet en los periódicos. Hasta ahora, se ha hablado de exenciones de impuestos para las empresas informativas, de micropagos… hay tantas cosas que se están proponiendo como modelos de negocio. El mayor problema que afrontamos, además de la legislación que proteja el periodismo, es averiguar qué camino debe seguir esta profesión y cómo evitar que los periodistas sigan perdiendo sus puestos de trabajo; básicamente, como darle la vuelta a esto y ponernos en el camino que beneficie no sólo a la ciudadanía, sino también a las empresas informativas.

¿Cómo ha cambiado el periodista profesional en la última década?, ¿cuál ha sido el impacto de Internet sobre su trabajo?

Llevo ejerciendo el periodismo desde hace 30 años y recuerdo que cuando salí de la universidad, nadie tenía que definir lo que era un periodista. No había una definición de periodista especialmente estricta, pero todo el mundo sabía lo que era. Lo sabías por el trabajo que hacía: las noticias que aparecían en los periódicos, la radio, la televisión, las revistas… era muy fácil saber lo que era un periodista. Con la llegada de Internet, cualquiera que tenga una información valiosa, puede publicarla y hay un montón de gente que se llama a sí misma periodista.  Pero creo que tener una información y publicarla en internet como bloguero, no le convierte a uno en periodista. Igual  que no puedo decir que al cuadrar mi chequera sea un banquero, o que por arreglar mi coche sea un mecánico, debemos darnos cuenta de que no todo el que publica información en internet debe ser necesariamente un periodista. Y éste es nuestro gran desafío en lo que respecta a la definición amplia de periodista que hace ley: queremos que sea lo más amplia posible, pero eso puede llevarnos a abarcar gente que no practique necesariamente buen periodismo.

¿Cuál puede ser la solución?, ¿algún tipo de control?

Nosotros no queremos un control gubernamental. No queremos carnés de periodista. De momento, consigamos la legislación y luego procuremos que el periodismo se autorregule, por medio de buenos estándares éticos, buena formación, etcétera. Hace diez años, la gente discutía sobre los presentadores de los programas nocturnos de televisión: ¿eran presentadores que entretenían, o eran periodistas? Ahora se discute sobre si la persona que consigue una información en el vecindario y la publica en un blog es un periodista. Hemos ampliado tanto la definición, que tendremos que manejar este asunto de algún modo o dejar que el sector se regule por sí mismo.

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