Pablo Eisenberg

Pablo Eisenberg

En los últimos tres años,  varios proyectos han aparecido en Estados Unidos que proponen  un modelo empresarial no lucrativo para la supervivencia de los grandes medios de comunicación. Una propuesta que comparte Pablo Eisenberg (París, Francia, 1932), quien advierte en un artículo de prensa del peligro de la desaparición de los periódicos para  la sociedad democrática.

Eisenberg emigró a Estados Unidos como refugiado cuando sólo tenía siete años. Pero antes de la II Guerra Mundial, recuerda algunos veranos en la Costa Brava, durante la época dorada en que su padre era el alumno preferido de un gran violonchelista catalán, de quien tomó el nombre y fue su padrino: Pau Casals.

Aquel niño es hoy en día miembro distinguido del Centro para el Liderazgo Público y Sin Ánimo de Lucro de la Universidad de Georgetown (Washington D.C., EEUU), columnista del diario The Chronicle of Philanthropy y uno de los intelectuales más respetados en materia de transparencia de las instituciones públicas y de las organizaciones no lucrativas. En una entrevista telefónica, el académico explica por qué la crisis está acabando con el periodismo de investigación y por qué habría que volver a los valores de la prensa tradicional.

¿Por qué necesitamos medios sin ánimo de lucro?

Por varias razones; la principal es que nos encontramos ante una potencial desaparición de los diarios privados, que no sólo educan a los miembros de la democracia por medio de información adecuada para tomar decisiones, sino que también son el único mecanismo serio que existe hoy en día para vigilar el sector público. Sin periódicos tendríamos, en mi opinión, muy pocos mecanismos para que el sector público rindiera cuentas.

¿Cuáles son en su opinión las principales ventajas de una prensa sin ánimo de lucro?

Fundamentalmente, que si los diarios fueran comprados por fundaciones o individuos con recursos económicos, contarían con el dinero para continuar con el periodismo de investigación y de calidad, y no tendrían que ser gobernados por propietarios avariciosos o por Wall Street. Estarían aislados de las influencias del mercado.

¿Qué obstáculos debería soslayar este tipo de medios?

El primero es que es muy díficil – yo todavía no he visto ninguno- encontrar un gran donante individual o una gran fundación que quiera comprar alguno de los periódicos que atraviesan problemas económicos. The Philadelphia Inquirer, The Hartford Courant, The Atlanta Journal Constitution… son todos periódicos potencialmente de primera clase que se están muriendo y que nadie hasta la fecha se ha ofrecido a comprarlos, pese a que su coste no sería muy alto.

¿Por qué las fundaciones o los filántropos deberían financiar unos medios que podrían investigarles, volverse contra ellos?

Bueno, ésa es la función de la filantropía. Su trabajo es apoyar el interés púbico, lo que incluye controlarse a sí mismos y rendir cuentas. Los ciudadanos estadounidenses necesitan tener fuentes de información fiables y responsables que les ayuden a ser buenos ciudadanos, partícipes de la democracia. Con menos que una información de calidad en la calle, la ciudadanía estaría a la venta. Actualmente, no tenemos ciudadanos bien informados y la pérdida de más periódicos nos llevará a una situación trágica.

¿Hay alguna forma de evitar que estas fundaciones y donantes puedan usar la información en su beneficio?

Si compraran un periódico, sería importante que separaran la labor informativa de la empresarial. Y también que el periódico contara con un consejo de dirección independiente, que no pueda ser controlado por los nuevos propietarios, ya se trate de una fundación, de George Soros o incluso  de Arthur Schulzberger de The New York Times. La tradición de los buenos periódicos manda establecer un muro entre la función informativa y la función empresarial, algo terriblemente importante para su subsistencia.

¿Cuál es en su opinión el principal cambio que ha experimentado el periodismo en su historia?

La competencia que ha impuesto la tecnología. No me refiero a la tecnología que hace que los periódicos sean más eficientes y puedan llegar más allá, sino al número creciente de fuentes de información que compiten con los periódicos gracias a la tecnología. Por ejemplo, blogs, facebooks, twitters y todo tipo de material de la red. Uno de los problemas con estas fuentes de información es que no existe un control de calidad y buena parte de ellos contiene información incorrecta. The Huffington Post es uno de los pocos que mantiene cierto control editorial y de calidad, pero por lo general se trata de un enorme montón de fuentes de información, algunas precisas, aunque la mayoría no. Y es muy difícil para los medios intentar sobrevivir económicamente en esta situación. Pero el valor de la prensa impresa es todavía de una importancia extraordinaria. Hay un par de estudios que muestran que tiene un mayor impacto en las sociedades que muchas de las tecnologías de la red.

¿Qué cree que sucedió con la cultura de las antiguas familias fundadoras de los medios estadounidenses?

Es una historia interesante. Algunas de las antiguas familias, como los Ochs, o los fundadores del Courier Journal, o el Denver Post o incluso los diarios de Hearst, tenían un sentido de compromiso con la prensa y estaban dispuestos a perder dinero para tener periódicos sólidos. Algunos de los periódicos de Hearst eran sensacionales. Los Ochs y los Schulzberger de The New York Times o los fundadores de The Washington Post realmente creían en la importancia de los periódicos y no se preocupaban de lo que hacían las acciones o de lo que le gustaba, o no, a Wall Street.

El nuevo grupo  de inversores es un puñado de gente avariciosa que sólo quiere el retorno de su inversión. La mayoría de los periódicos devuelven un beneficio de entre el 12% y el 16%, que está muy bien, comparado con lo que se obtenía hace 30 años. Pero esto no es suficiente para Wall Street, que no se conforma con menos de un 30% o un 40%. Parte del traspaso de la prensa a estos inversores avariciosos fue propiciado no sólo por la muerte de las antiguas familias de medios sino también por el paso de la propiedad individual a la propiedad corporativa, más preocupada por la Bolsa que por las necesidades de la ciudadanía. Un ejemplo es el conjunto de propietarios del Chicago Tribune, al que no le importa el servicio público que los periódicos proporcionan, sino el dinero.

Luego es posible que ni la política ni la economía ayuden en la creación de otro tipo de información.

Cierto. Los diarios siempre han estado en política, de acuerdo con el punto de vista de sus propietarios. The Wall Street Journal es muy conservador y The New York Times es más liberal porque sus dueños lo eran. La política siempre ha estado ahí. Pero trascender la política, para los antiguos dueños, era parte de su sentido del deber: saber que los periódicos tenían otra función además de ganar dinero, como poner noticias informativas y objetivas en manos de sus lectores. Y esto ya no sucede con los nuevos propietarios. Hay un montón de sensacionalismo,  tenemos Murdochs y otras cosas que en nada se parecen al viejo juego.

¿Qué piensa de los nuevos modelos de financiación que están probando los periódicos?

The Washington Post ha cerrado sus delegaciones en Los Angeles, Seattle, Nueva York… todas sus oficinas salvo la de Washington. El periódico es propiedad de una familia extraordinariamente rica, que obtiene el 60% de sus ingresos al margen de los periódicos. ¿Qué significa para el Post mantener 50 redactores? Apenas nada, pero al despedirlos demuestran lo mucho que les preocupa la calidad de los periódicos. El problema es, que durante los últimos tres años, los diarios han prescindido de casi 11.000 redactores y jefes, lo que supone una enorme pérdida. Y uno se da cuenta de que ningún gran periódico de Estados Unidos tienen ahora delegaciones internacionales, salvoThe New York Times, así que no podemos saber qué noticias suceden más allá, en Canadá o México, porque no las estamos cubriendo.

Nuestros estudiantes universitarios, cuatro o cinco millones, están perdidos porque no leen periódicos, entran en Internet y sólo quieren leer noticias sueltas. Nadie lee el diario. Yo estoy Gerorgetown, una de las mejores universidades del país, y en muchos sentidos los estudiantes no están informados, los mismo estudiantes que se supone que serán los líderes del futuro.

Por otra parte, creo que los periódicos de minorías lo están haciendo bien y probablemente encuentren un modo de mantenerse. El problema es que sólo llegan a una parte muy concreta de la sociedad. En resumen, creo que la muerte de los periódicos está haciendo mucho daño a nuestro país.

La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos ha convocado una conferencia en la que pretende discutir, entre otras cosas, sobre la financiación a través de impuestos y exenciones a los medios privados y sin ánimo de lucro. ¿Cree que es una solución?

Mi recomendación es que algunos de los periódicos más importantes fueran comprados por fundaciones y filántropos, y convertidos en entidades sin ánimo de lucro. Además del capital inicial invertido en la compra de estos medios,  recibirían beneficios fiscales, lo que permitiría a los medios mantener su plantilla y, en tiempos difíciles, podrían recurrir a las donaciones para un apoyo adicional. Tiene un ejemplo en el St. Petersburg Times de Florida, que es una empresa privada, pero  que es sustentada y poseida por el Instituto Poynter, sin ánimo de lucro. Si cayera en problemas finacieros, podría ser ayudada por donaciones del Poynter. Una relación que podría extrapolarse a otros periódicos.

Por cierto, ¿por qué cree que hay dinero para General Motors y no para The New York Times o el grupo Tribune?

Bueno, supongo que nuestras prioridades son erróneas. Hemos enterrado una cantidad enorme de dinero en bancos ruinosos, por la influencia desafortunada de gente que apoyó a Obama. Mucho de ese dinero debería haber ido a empleos públicos para construir infraestructuras, como en el New Deal de principios de los años treinta, y que habrían reducido las cifras de desempleo. Creo que gran parte de ese dinero debería haber ido a apoyar a los periódicos. Prefiero dárselo a ellos, que a General Motors o a Goldmans Sachs.

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4 comentarios sobre el artículo

  1. Cletus, Ana dice:

    Una gran entrevista la de Pedro de Álzaga y un gran entrevistado.
    ¿utopía o futuro?

  2. Muy buena entrevista, Pedro, y muy interesante lo que sugiere Eisemberg. Ojalá no se quede en ideas de una mente preclara y alguna institución se lance a ello. En España la ley de fundaciones lo pone fácil.
    Saludos.

  3. Alberto Muñoz dice:

    ¿Y por qué no podría ser el Estado quien comprara esos periódicos o grupos mediáticos? Con una legislación que garantice su independencia, por supuesto. Pero no creo que sea más difícil separar la labor informativa de la función pública que diferenciarla de una actividad empresarial, ¿no? En Estados Unidos no se plantearán jamás algo así, pero en Europa quizá sea incluso más realizable que lo que propone Eisenberg.

  4. [...] los míticos periodistas que destaparon el Watergate, Bob Woodward y Carl Bernstein; el profesor de Georgetown (Washington) Pablo Eisenberg  o el periodista y creador de la serie The Wire, David [...]



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