Roger_Bohn

Roger Bohn

El año pasado, los estadounidenses estuvieron expuestos, de media diaria, a 12 horas de información y leyeron o escucharon 100.500 palabras. Con la información audiovisual que recibieron en sólo dos semanas podría llenarse el disco duro de cualquier ordenador del mercado (unos 500 GB).  Son algunos resultados de How Much Information? 2009, un informe elaborado por el Centro para la Industria de la Información Global (GIIC, en sus siglas inglesas) de la Universidad de California, San Diego (EEUU).

El estudio pretende averiguar de formar aproximada  cuánta información llega a los consumidores -sólo en sus hogares y sin tener en cuenta la que absorben en sus puestos de trabajo-, a través de teléfonos, ordenadores, televisores, radios, periódicos, libros… Un bombardeo de datos que casi se ha duplicado en apenas 30 años y que promete seguir creciendo en el futuro.

El director del estudio y del GIIC es Roger Bohn (Boston, Massachusetts, EEUU, 1952), quien comenta en una entrevista telefónica cómo esta sobrecarga de datos influye en nuestra capacidad para mantenernos informados.

¿Hemos alcanzado nuestro límite en lo que respecta al consumo de información?

Las evidencias apuntan a que no. Hemos pasado de las 7,5 horas, de hace 25 años, a las 12 horas, de hoy en día. Y la gente puede conseguir aún más información cuando se mueve alrededor de donde suele estar, gracias a los teléfonos móviles y otros dispositivos. Creo que la información que consumimos seguirá creciendo.

¿Cuando llegará el momento en que nuestro cerebro llegue a su límite?

El cerebro ya ha llegado a su límite. Aunque nosotros medimos la cantidad de información que llega a nuestros ojos, y no la que pasa a nuestro cerebro, me temo que ya estamos ignorando mucha de la información que recibimos.

¿Cuál es el cambio más importante en la información que ha visto en estas últimas tres decadas?

La aparición de Internet y el crecimiento de la informática, sin lugar a dudas. Han tenido un enorme impacto en nuestra forma de comunicarnos. Por ejemplo, ahora mismo estamos  manteniendo una comunicación de dos direcciones: usted y yo hablando. Pues bien, tres cuartas partes de este tipo de comunicación se hacen hoy en día a través de Internet.

Habla usted en su informe del crecimiento de la interacción: ¿qué papel jugará en la comunicación del futuro?, ¿creará algún tipo de nueva comunicación?

Ya está jugando un papel muy importante, desde el momento en que, por ejemplo, podríamos mantener esta conversación con vídeo sin demasiado trabajo.

Recibimos más datos actualmente. ¿Estamos mejor informados?

No lo sé. La mayoría de lo que recibimos es entretenimiento, en una forma u otra. No sé mucho sobre la situación en España, pero en Estados Unidos se está viendo que la gente cada vez más recibe sólo la información con la que está de acuerdo. En televisión, sintonizan la Fox, situada en la derecha, la CNN, más o menos en el centro.. y en Internet es aún peor: sea cual sea la creencia más disparatada sobre el mundo en la que creas, seguro que encuentras cientos de personas que están de acuerdo contigo y están encantados de gastar su tiempo hablando de ella.

¿Cree que la sobrecarga de información puede estar relacionada de algún modo con el declive de la prensa escrita?

De algún modo, el estilo en que la gente joven trata de hacer muchas cosas a la vez, esta multitarea, como se le suele llamar, está relacionado con el auge de la informática y la electrónica. Y en este sentido, podría significar el declive de la prensa escrita. Pero son las dos caras de la misma moneda. Mis estudiantes envían mensajes cortos, escuchan una conferencia y consultan su página de Facebook, todo ello simultáneamente. Y aunque no tienen éxito al hacer todo, lo intentan.

¿Cree que este incremento en el consumo de información puede tener implicaciones en nuestras relaciones sociales?

Sí, aunque no estoy seguro de cuáles. Una persona puede tener 100 ó 200 amigos en Facebook o cualquier otra red social, y estar en contacto con ellos simultaneamente, lo que es mucho más de lo que solíamos estar en contacto. Pero, por otra parte, esta relación es muy superficial. De todos modos, una de mis observaciones en el estudio es que cualquiera podrá encontrar datos en este informe que confirmen su punto de vista: apocalíptico, optimista…

¿Y cuál es su punto de vista?

Supongo que pertenezco a los cincuentones que dicen que las generaciones más jóvenes están equivocadas, pero lo digo entre risas, porque sé que todas las generaciones han dicho lo mismo, desde los romanos.

¿Qué tipo de información le gustaría ver creciendo en futuros estudios?

En el futuro, estudiaremos la información que se recibe en organizaciones y empresas. Y estoy especialmente interesado en un tipo de información que es invisible para nosotros, la que se produce en el diálogo entre máquinas. Es el caso de los microprocesadores de nuestros coches, por ejemplo. Me gustaría estudiarla con más detalle, porque las máquinas hoy en día han tomado el control muchas actividades.

Es lo que usted llama en el estudio “información oscura”. ¿Qué influencia puede tener en nosotros?

No sé qué impacto puede tener. En esencia, es como si tuviéramos un grupo de sirvientes personales, trabajando en el trasfondo y cuidando de nosotros todo el tiempo. Y en este sentido, parece muy bueno, pero creo que hay algo más y me gustaría investigarlo.

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