Hanson Hosein

Hanson Hosein

Hanson Hosein (Londres, Inglaterra, 1969) dejó su trabajo como corresponsal de guerra en la cadena de televisión estadounidense NBC, cuando decidió que quería contar las historias de otro modo, sin el corsé de fondo y forma que imponían los grandes medios.

Se lanzó a la carretera con su mujer para recorrer Estados Unidos y rodar documentales informativos sobre la sociedad de este país o la reconstrucción de Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina, en 2005. Actualmente, es presidente de la empresa de comunicación HRH Media y director del Master de Comunicación en Medios Digitales de la Universidad de Washington.

En una entrevista telefónica, Hosein se muestra confiado en las posibilidades del nuevo periodismo digital, señala la importancia de la formación de las personas que ejercen esta profesión y remarca las diferencias en el modo en que hoy en día se cubren los grandes sucesos informativos.

Usted dejó su trabajo en una gran empresa de medios para lanzarse al periodismo digital por su cuenta. ¿Por qué un periodista haría una cosa así?

No me resultó tan dificil, porque fue hace 10 años cuando aproveché la oportunidad de dejar el trabajo en el gran medio en que trabajaba. Estaba muy emocionado por la posibilidad de contar historias diferentes, y creo que ése es el motivo por el que continúo haciéndolo. Los medios tradicionales cuentan las historias de forma demasiado tradicional, pero en la red se pueden contar las cosas de otra forma y establecer relaciones con los lectores. Pero sí,  fue difícil al principio dejar todos esos beneficios económicos de un trabajo fijo en una gran empresa y montarme por mí cuenta.

¿Cómo ve el futuro de las grandes compañías de medios?

Yo creo que seguirá habiendo grandes medios en el futuro, simplemente, porque la gente necesita fuentes en las que pueda confiar, y asocian esta confianza con las grandes empresas. Pero la economía de los nuevos medios empieza a captar fondos de los tradicionales, que ya no tienen el monopolio sobre la información del que antes disfrutaban. Tendremos grandes medios, pero menos grandes medios.

El otro día leí que en el futuro sólo 12 compañías controlarán la industria mundial de los medios…

[Risas] ¡Creo que ya la controlan!

El caso es que se produce un proceso de dos sentidos: las grandes compañías se hacen cada vez más grandes, y las pequeñas y medianas se hacen cada vez más pequeñas. ¿Qué impacto sobre la información cree que puede tener esta tendencia a una ‘brecha digital corporativa’?

Es una observación importante. Creo que hay mucho miedo al proceso por el que las compañías intentan consolidarse y agruparse lo más rápido que pueden para mantener su posición dominante. Y veremos mucha más concentración, lo que no creo que sea bueno para los países democráticos. Pero, por otro lado, me gusta el hecho de que tengamos empresas más pequeñas y más voces independientes, con más gente que pueda implicarse. Creo que es un buen contrapeso, porque no me parecería bien que en este país dentro de diez o quince sólo tengamos grandes compañías. No sería bueno.

Conocemos los retos que la prensa tradicional afronta, pero ¿cuál es el gran reto al que se enfrentan o se enfrentarán los medios digitales?

El mayor problema al que se enfrentan ahora es el de la confianza. Nos hemos entusiasmado en los últimos años con que los aficionados y los ciudadanos en general pudieran crear nuevas fuentes de información, pero ahora nos damos cuenta de que no podemos prestar atención a todas esas fuentes ni sabemos en cuáles confiar. El gran reto para estos nuevos agentes es crear relaciones de confianza y credibilidad con sus audiencias para poder seguir haciendo lo que quieren hacer.

Usted defiende el papel del periodista ciudadano, pero ha crecido y se ha formado en un medio tradicional. ¿Cree que esta formación es importante para ejercer un buen periodismo?

La educación de cualquiera que pretenda implicarse en el periodismo, ya sea profesional o ciudadano, es muy importante. Deberíamos cambiar el sistema educativo y explicar, incluso, a los niños, que ahora tienen el poder para comunicarse con el mundo. Y porque tienen ese poder, también tienen la responsabilidad de seguir una ética y comunicar responsablemente. Así que sí, deberíamos enseñar comunicación y periodismo a todo el mundo, igual que enseñamos a nuestros estudiantes cómo funciona el Gobierno.

Como profesor de periodismo, ¿cómo cree será el periodista del futuro?

Hay dos cosas muy importantes que se hacen para preparar a los futuros periodistas. La primera es que necesitan saber cómo usar todas las tecnologías y utilizarlas por su cuenta, porque ya no hay división del trabajo: debes encargarte del vídeo, del sonido… de todo. En segundo lugar, deben actuar más como emprendedores u hombres de empresa para ser más agresivos, para saber venderse, para crear su propia marca y hacer marketing. Es una situación muy diferente a la de los periodistas del pasado, que sólo debían preocuparse de los asuntos editoriales. Ahora también deben preocuparse del negocio.

Pero ¿no cree que este periodismo multitarea puede tener un impacto negativo sobre la información?

Absolutamente. Porque si siempre estás preocupado sobre cómo vas a conseguir dinero, eso determinará el tipo de historias que vas a hacer y cómo las vas a hacer, así que podría tener consecuencias éticas, también.

¿Cuál es la tecnología que prefiere, la que más le llama la atención y de la que más espera en el futuro?

Obviamente, la tecnología móvil. Creo que hay ahora un gran congreso de esta tecnología en Madrid o Barcelona. Las compañías, como Nokia, están anunciando teléfonos con vídeo en alta resolución, cámaras de 12 megapíxeles… casi tienen la potencia de una cámara profesional. Tener eso en tu bolsillo, conectado además con Internet, puede ser poderosísimo. Así que esto es lo que más me emociona: conexión móvil para producir contenido multimedia y para usar las redes sociales.

Por cierto, ¿cree usted que los lectores de libros electrónicos serán para la industria de los medios como el mp3 ha sido para la industria discográfica?

Creo que Twitter y Facebook son grandes medios, incluso para el periodismo, pues consituyen otras plataformas en las que los periodistas pueden poner su contenido. Porque el contenido ya no está en un sólo sitio web y debe ser distribuido en otras plataformas. Dicho esto, ahora que estamos viendo el desarrollo de nuevas tecnologías como el iPad o el Kindle, la industria cree que debe consolidar el uso de dispositivos en los que se recibe el periodismo, porque al levantar un muro alrededor de la información se puede tener más control de su uso y recibir más dinero. No soy partidario de esto y creo que la información debería publicarse en plataformas abiertas y no encerradas tras muros corporativos como iTunes o eBooks.

Otra tendencia nos lleva a un mundo de información local ¿Cómo nos enteraremos de lo que sucede en Israel o en Irak, como cuando usted informaba desde allí?

Lo que sucedió en Irak durante y después de la guerra es que la mayor parte de la información que venía de allí era de blogueros locales. Y lo mismo sucede aquí, en Seattle (Washington, EEUU), que es una ciudad pionera en el periodismo hiperlocal. La gente que vive en estas comunidades informa de primera mano de lo que ven y son capaces de comprometer a la gente que quiere prestar atención a lo que dicen. Es una producción muy de nicho, pero apta para la gente de esa comunidad.

Entonces, usted cree que tendremos una mejor cobertura de las guerras, por ejemplo, que antes.

Creo que habrá más cobertura, pero no sé si mejor. Esta situación permitirá que, para cubrir Irak, por ejemplo, no se necesite un carísimo corresponsal de la NBC, o que la BBC deba volar a este sitio. La gente que viva allí puede cubrir lo que sucede porque lo entiende mejor. Es decir, habrá más cobertura, la cuestión es cómo de bien están preparados y cómo son capaces de comunicar, así que no puedo decir que la cobertura sea mejor, aunque me gustaría que así fuera

¿Es necesario haber sido corresponsal de guerra para sobrevivir en esta nueva era?

[Risas] La verdad es que ahora mismo esto parece un negocio de vida o muerte. Los corresponsales de guerra son especies en peligro de extinción. Ahora vemos al célebre corresponsal que da la cara en las grandes historias como Haiti, pero como las empresas informativas están recortando costes y cuentan con poco personal, la primera información que aparezca después de un ataque de guerra o terrorista vendrá de la gente de Twitter o de los periodistas ciudadanos que estén allí, y tendrán que pasar de uno a dos días hasta que llegue el célebre corresponsal de la CNN. No me gustaría volver a ser un corresponsal de guerra hoy en día. No lo sería de ningún modo.

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Un comentario sobre el artículo

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